Cuando le dije a qué iba a enfrentarme, a qué mundo con sus selvas y arenas movedizas y lianas pinchudas y monos culeadores, le dí a entender que ella con un gesto como el de darme una armadura o tan solo una espadita, me estaría diciendo cuales creía que son mis chances.
Los nervios se astillan en este momento, mientras guardo una gran reserva de pañuelos en la mochila, levanto un dedo ensalivado para percibir el rumbo del viento y me digo mientras aumentan las palpitaciones, que mañana ya es hoy. Debo empezar.
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jueves, 18 de octubre de 2007
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